Octava Compañía de Bomberos de Santiago

Enrique Fredes partió haciendo lo que amaba.

fredes2 Discurso de la Voluntaria María José Miranda Medina (como integrante más nueva de la Compañía) frente a la tumba del Mártir de la Octava Compañía, "La Unión es Fuerza", ubicado en el Mausoleo Institucional del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

Señor Director, capitán, oficiales de compañía, voluntarios, voluntarias y Brigada Juvenil.

Cuando pisé por primera vez este Cuartel,  una extraña sensación me abordó, sentimientos de resguardo, protección y demás. Embargada por estas me di cuenta desde un principio que la historia presente en este Cuartel, no sería menos que la que me enteraría al andar de mi postulación y es así como indagué en la vida de los Mártires y es Enrique, en ese momento para mi desconocido, sinónimo de abnegación y entrega desinteresada de lo más preciado, hasta la vida, quien llama mi atención, y es ahora que las designaciones lo cruzan para honrar estas palabras en su nombre. Dónde empezar se me hace difícil, más aun cuando me embarga la emoción al recordar su fatal accidente el 2 de julio de 1915.


A lo lejos se divisaba una columna de humo que cubría el cielo gris hasta perderse en el horizonte. Esta columna tiñendo de negro la atmosfera santiaguina,  evidenciaba ya en su lento ascender, que ese día marcaría la historia de la Institución, y más aún de nuestra Compañía.

El sonar de la paila se acompaña por el tierno silencio, que comienza a escribir su destino; fue el primero en llegar y ya rodeado de un rojo resplandor y con su hacha en mano, Enrique Fredes va al encuentro con su destino.

Estando en el techo, junto a dos de sus compañeros, cumplía una última labor en el incendio, sin pensar que esa sería la última labor de su vida bomberil en el mundo terrenal. Un sonido enternecedor anunciaba el cede de las vigas.

Camaradas van en busca de su compañero, encontrándolo con graves heridas y quemaduras, pero con su hacha empuñada en el pecho.

Sirenas desgarradas acompañan su camino, pero al llegar, las cartas ya estarían echadas. Así el día 4 de julio de 1915 ingresa con honores a la guardia eterna de las filas celestiales de sus compañeros Mártires, luciendo ya por siempre su casco y cotona llena de laureles por toda la eternidad.

Enrique Fredes partió haciendo lo que amaba, cumpliendo la más noble labor de servir al próximo sin esperar recompensa, impulsado por un divino anhelo, valeroso hombre, orgulloso de servir, luciendo siempre con honra su amado ocho.

Y es por eso que nos quedamos tranquilos porque sabemos que hoy descansas en paz y lleno de plenitud, ya que siempre te destacaste en el servicio como un hombre joven, alegre, lleno de vida y de fe en el porvenir, siempre risueño y afanoso de reclamar para sí, los lugares de mayor trabajo y peligro, trabajando siempre como un aguerrido octavino.

Hoy me doy la libertad de honrarlo por su vida, por su coraje y por su entrega, la cual desde lo más profundo y como Voluntaria nueva en esta Compañía, hacen que las sendas sean para mi igual que para Enrique un comenzar ambicioso, de conocimiento, de entrega, de respeto y de valentía, como Enrique lo perpetuó al dejarnos honrar nuestro número con su vida.

Espero que la ingrata sensación percibida por Emiliano López y Miguel González en la madrugada del 2 de julio mientras combatían en el techo de la casa siniestrada, no se produzca más entre nosotros, y nos deje enseñanza de compañerismo y de valor, y es Enrique quien al dar su vida por el servicio, lo más amado, que nos deja una gran responsabilidad, de honrar sus pasos, su vida y su trabajo. Nunca olvidaremos lo hecho y año a año que nos damos cita aquí a homenajearte te recordaremos y defenderemos tu nombre a lo largo de las generaciones,  y cargaremos nuestro uniforme con el ocho, nuestro símbolo querido, orgullosos y firmes, guardando tu legado como aguerridos camaradas, siempre decididos a cumplir con el deber.

Descansa estimado cófrade, que tu nombre será resguardado en cada acto de servicio y formación, cada vez que nos colocamos nuestra cotona, y nuestro casco sabemos que estarás tú guiando nuestro andar.
Querido compañero, con nuestra profunda admiración y cariño te hacemos la promesa de guardar perdurablemente vivo tu nombre y tu recuerdo.

Enrique Fredes Zuñiga, Firme muerto en acto de servicio.

(La Compañía colocó ofrenda floral en la tumba del Mártir Enrique Fredes Zúñiga y en la placa recordatoria en calles Alonso Ovalle y San Diego, lugar del Incendio donde el cayó en cumplimiento del deber).

 

 

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