Octava Compañía de Bomberos de Santiago

Partidas que duelen; adiós a la M-8.

m-8-afiche-logo Por: Hugo Guzmán, Secretario 8ª CBS.

¿Es factible desarrollar el cariño hacia un objeto no humano ni animal? ¿Sentir aprecio por una pieza material? ¿Lamentar su partida y sentir dolor porque ya no estará en el espacio que se comparte?

Los bomberos pueden responder positivamente a las tres interrogantes. Simple y racionalmente, porque a lo largo de sus años de servicio a la comunidad, desarrollan una explicable y armoniosa convivencia con lo que llaman Material Mayor, las piezas vehiculares de emergencia también denominadas Carros o Máquinas. Si hay un deseo y un ansia no escondida de un recién ingresado a las filas bomberiles, es que “caigan los timbres” de alarma para tripular uno de esos Carros o una de esas Máquinas.



Las hay de escalas, de agua, de rescate, de altura, Haz Mat, en fin, la variedad que requiere la diversidad de atención de emergencias. Y tienen nombres; breves, de una letra y un número, lo que es suficiente para que los bomberos identifiquen con razón y con cariño a “su” Máquina o la de los vecinos. Y llevan nombres; las de Mártires, Fundadores o Bomberos Insignes. Es decir, son las Máquinas y los Carros quienes reciben el honor de ser portadores de las letras honoríficas y más aquilatadas por los bomberos. Ello graba aún más su importancia.

No es difícil encontrarse a un Caballero del Fuego contemplado ensimismado a su Carro o su Máquina; limpiándola o arreglándola; dotándola del material necesario para las emergencias; fotografiándose como si se tratara de una novia o un hermano. Estos vehículos llevan a los bomberos con seguridad y ellos tienen en su retina las luces de su Carro o su Máquina, grabadas como el ulular de su sistema auditivo de alarmas.

De repente pareciera que esas Máquinas o Carros tuviesen corazón, pulmones, venas, brazos y piernas; se siente cuando echan a andar los motores, cuando se activa la bomba, cuando se eleva la escala telescópica y sus articulados, cuando corre el agua por las tiras, cuando soplan los generadores, cuando se encienden sus luces.

¿Cuántas tristezas, cuántas alegrías, cuántos desafíos, cuántas anécdotas y cuántos secretos se vivieron a bordo de un Carro o una Máquina? Incontables.

Por eso y mucho más, los octavinos de Santiago están tristes. Porque una de esas Máquinas, uno de esos Carros, deja el Cuartel. Se marcha. Deja de prestar servicio. Termina su misión. La M-8, la Mecánica, aquella que llegó al Cuerpo de Bomberos de Santiago gracias a la solidaria campaña de la ciudadanía después del trágico incendio de la Torre Santa María, la Magiruz imponente, a más de 30 años de servicio, deja su lugar para que otra Máquina, una hermana material, ocupe su lugar con condiciones más modernas y efectivas para que la Octava Compañía, “La Unión es Fuerza”, sirva más y mejor.

¡Cuánto orgullo y deseo producía tripular la M-8! ¡Cuánto se ambicionada salir a cargo de esa mole vehicular! ¡Cuánto se quería verla en los incendios y rescates desplazando sus cuerpos de escalas! ¡Cuánta emoción significó pitonear desde su monitor!

La M-8 fue orgullo de los octavinos. Era famosa en Chile. La llegaban a visitar y mirar. Bomberos de todos lados la querían conocer y soñaban con tener una igual o similar.

Pero los entes materiales tienen algo en común con los seres humanos. Tienen fecha de vencimiento. El desgaste natural y la historia de vida, llevan irremediablemente a la brecha en que ya hay que retirarse. Hay que dar el paso a lo más moderno y a los más jóvenes.

2012 fue el año elegido por el destino para que la querida, inolvidable, apreciada e inmortal M-8 gire sus ruedas lentamente y poco a poco, como no queriendo vivir ese instante, salga por última vez de la Sala de Máquinas, desplazándose imponente, bella, erguida, ante los ojos húmedos y los corazones tristes de bomberos y bomberas de la Octava de Santiago.

No se podrá escribir historia alguna de la 8ª del CBS, sin hablar de esta M-8. No se podrán olvidar jamás los incendios en que estuvo bien parada cumpliendo con su misión. No se olvidarán jamás sus sirenas y sus luces, su doble cabina, su escala telescópica con trinquetes y manejo mecánico, su letras hermosas con el nombre del Mártir Enrique Fredes.

Sí, se puede estar triste por la partida de un objeto material. La Octava del Cuerpo de Bomberos de Santiago está triste porque se va la M-8.-

 

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