Octava Compañía de Bomberos de Santiago

Memorias de un Brigadier Fundador

11042016jvera

Pasaba el año 1955, el carro Ford Vitoco brillaba bajo los cuidados del cuartelero de aquel entonces, Don Raúl López. Para la mirad

a inocente de un niño, esto, parecía un espectáculo, una forma de entretención máxima bajo sus ojos, que observaba cada tarde como de costumbre, en el cuartel de la octava que por aquella época se ubicada en calle Santa María.

Al año siguiente, cuando este curioso niño cumplía 12 años, se cristalizo la novedosa idea de crear una brigada de jóvenes, siendo el voluntario, don Luis Bravo Menadier, junto a otros octavinos, uno de los grandes gestores e impulsores de esta iniciativa de forjar precozmente los corazones de futuras generaciones de bomberos. Bajo los márgenes de este propósito, el Director de la época, Don Moisés Castillo Bañados, estableció, un 8 de Abril de 1956, un hito importante en la historia del Cuerpo de Bomberos de Santiago, con la formación de la primera Brigada. Esta, comenzó con tan solo 10 jóvenes, entre los que se enroló el pequeño niño que observaba con atención el carro porta escalas que tanto le gustaba, sus padres, por otro lado, solo le exigieron el debido cumplimiento de sus tareas escolares, labor difícil, pero no imposible, si no que importante. Él no dejaba de pensar en la bomba ¿Qué podría importar más? Pero era importante que estudiara, si no, todo el esfuerzo sería en vano, no era una elección, si no que un deber y un doble esfuerzo.

El ánimo de la Brigada era distinto a la que podríamos divisar en la actualidad, pero a su vez, conserva cierto ánimo de propiedad que hoy también podemos respirar. En esos años no era una labor muy elaborada, los nuevos brigadieres asistían al cuartel bajo la tutela de los instructores, quienes les enseñaban diferentes prácticas, no solo sobre la labor bomberil, sino que también se les formaba valores y se cultivaba el amor por la Compañía, el espíritu de servicio y el compañerismo. Los Jóvenes y niños que conformaron este proyecto, ayudaban a los voluntarios de ese entonces en los ejercicios de Compañía, haciendo propia la vida de cuartel, el compromiso estrecho con el querido carro y con el material que correspondía para cada ocasión. Los primeros instructores de esta nueva parte de la Compañía, fueron los señores: Mario Echenique Martínez, José Miguel Alfaro Vargas y el Secretario, Don Fernando Muñoz Muñoz, quienes con entusiasmo cumplían la labor de formar a los futuros bomberos y amigos, que con lealtad, esfuerzo y compromiso pasaron años soñando con ser parte de las filas de la Octava.

Pasaron los días, meses, años. El pequeño niño que un día se deslumbró con los carros, cumplió por fin los 18 años, en su retina quedaban los valores, los amigos, las vivencias y la expectación. Desde el cuartel situado en Providencia, ingresa a sesión de Compañía para solicitar ser parte sus filas, cumpliendo con este paso al fin su sueño, después de largo tiempo de haberlo anhelado.

Así, la primera generación de los aguerridos dio sus primeros frutos, con la esperada etapa como voluntarios de la institución, la cual hoy continúan, más cansados, pero también más dispuestos de sabiduría para las nuevas generaciones de jóvenes, que bajo el mismo espíritu abrazan la hermosa labor voluntaria, de servicio a la comunidad. Aunque hoy varios de los 10 brigadieres han partido, algunos, a pesar del tiempo están, tal como el primer día, en el cuartel, esperando que caigan los timbres, tal como antes lo hacían, cuando salían de sus casas, corriendo para poder tripular en nombre de su querida Octava.

Voluntaria, Claudia Sierra Porras.