Octava Compañía de Bomberos de Santiago

Crónicas de un recuerdo eterno

 Desde el Sur aparecían noticias inquietantes, que el cielo gris de Santiago confirmaba. Chile se quema, decían.

Era el día 21 de enero de 2017, y nos daban la oportunidad de aportar para tratar de detener esta tragedia. A las 16:00 horas debíamos estar en el Cuartel General. Cargamos varios bidones de agua mineral, botellas de bebidas energéticas y barras de cereal. Creíamos que nuestro destino era Pumanque, en la Sexta Región, pero nos dijeron que no, que se necesitaban manos más lejos. Debíamos ir a Cauquenes, en la Séptima Región.

Al subirnos al bus, varias caras parecían conocidas. Algún llamado en conjunto, de seguro. Nos dijeron que durmiéramos, pues sería una de las pocas oportunidades que tendríamos de cerrar los ojos durante las próximas 24 horas. Eran las 17:00 horas.

Al avanzar en el viaje, veíamos como el sol se volvía rojo. El reloj también avanzaba, y las preguntas acerca de qué encontraríamos al llegar.

Eran las 22 horas cuando llegamos al Cuartel General de Cauquenes. Descargamos el bus, y nos preparamos. En ese momento se acabaron los relojes. El tiempo prácticamente ya no existió. Dejamos nuestras cosas en el salón de sesiones del Cuartel General, que las haría de improvisado dormitorio. Hasta ese honor nos dieron nuestros hermanos de ideal, en cuyos rostros se notaba el cansancio, pero también la fiera determinación de defender las vidas y los hogares de los suyos ¿Estaríamos a la altura de aquellos héroes exhaustos?

 

En un momento nos avisan, debíamos partir.  Estuve asignado en el grupo que debía tripular el vehículo J-2 del Cuerpo de Bomberos de Cauquenes. Subimos varios, apretados, el asunto era llegar al lugar. El camino parecía una larga pira. Al final de éste, los árboles parecían gritar. El fuego subía al cielo. Recibíamos órdenes, y debíamos cumplirlas. Desde un pitón de 50, herramientas forestales y mochilas cargadas de agua, tuvimos que hacer labores a las que no estábamos acostumbrados. Los camaradas de la 21º Compañía del Cuerpo de Bomberos de Santiago nos daban clase y ejemplo de cómo manejar un incendio forestal. Cada quien en su puesto daba lo mejor. La noche parecía no existir, estaba todo iluminado con el fuego. Ese cielo del sur, acostumbrado a las estrellas, ese día estaba rojizo.

Nos llevan de vuelta a nuestro improvisado hogar. Preguntamos la hora. Eran las 06:30 horas al llegar, y en el Salón de Sesiones procederíamos a dormir en el piso, con nuestras chaquetas como almohadas.  Cerramos los ojos, pero pareciera que casi de inmediato teníamos que abrirlos. A las 07:15 horas nos avisan que nuevamente debíamos tripular. La luz del día nos mostraba la peor cara de la tragedia.

 

En los rostros de las familias que sacaban sus cosas por la cercanía del fuego se veía el terror.

¿Seríamos lo suficientemente fuertes para traer tranquilidad a esos compatriotas a quienes tanta falta hacía?

Controlamos un foco, y nuevamente nos trasladaron a ese verdadero templo del servicio. Nos recibieron con abundante comida. Imposible olvidar la generosidad de ese tremendo pueblo. Nunca faltó una mano ofreciéndonos agua, jugo, frutas, pan, barras de cereal. 

Nuevamente debíamos tripular. Al principio, éramos sólo conocidos, de distintas compañías. En ese momento, ya éramos una verdadera hermandad. Los números de nuestros cascos, sin desaparecer, habían dado paso a un objetivo mayor. Debíamos dar lo mejor de nosotros por nuestros compatriotas en peligro.

El fuego estaba a menos de 100 metros de las casas, y veíamos a los pobladores, armados de ramas, combatían contra el fuego desesperadamente, sin protección alguna ¿Cómo estar a la altura de estos héroes?.

 

El fuego más cercano fue extinguido, pero más atrás un bosque de pinos ardía sin control. Un helicóptero bombardeaba el lugar. 

Nos dan la retirada más tarde. Exhaustos a más no poder. Vi a mis compañeros dar lo mejor de sí, y me sentí orgulloso de haber trabajado con ellos, pero a la vez preguntándome si había podido entregarme a su nivel, al abordar el bus que nos trajo de vuelta a Santiago, que nos recibió ya siendo la noche del día 22.

 

Días más tarde, un hermano de ideal tratando de salvar a una familia, daba su vida. Ahí recién caí en cuenta que cualquiera de nosotros pudo no volver. Muchas preguntas me hago en este momento. Quizás haya otros que puedan contar mejor esta historia. Otros más dignos que yo. Sin embargo, dentro del tremendo dolor que significa perder todo en cuestión de minutos, pude observar lo mejor de nuestro pueblo, los mismos que nos palmotearon la espalda, felicitándonos y dándonos las gracias por nuestro servicio. Cuando decaigan los brazos, cuando el sudor haga más pesados nuestros uniformes, no olvidemos a nuestro compatriota en peligro, pues somos su última esperanza.

Firmes y dignos.

 

Cristian Parada Bustamante


 

Descubrí que en ese lugar encontré calma al encontrarme a mí mismo por unos breves momentos, al recordar gran parte de mi vida que viví en el sur; pero al mismo tiempo esa calma hallada podía ser interrumpida cuando menos lo esperas, ya que, en ese mismo rio en donde estaba, entró la ola del tsunami que azoto Constitución el 27F.


Era un sábado 21 de Enero, estábamos en taller RIT porque la 12 nos había facilitado unos cupos, por lo cual me anoté y pude asistir. Suena el teléfono donde en el grupo de Whatsapp se nos comunicaba que existía una convocatoria para ir a la VI Región donde se prestaría apoyo para combatir los incendios forestales que llevaban varios días sin control en la zona, afectando casas y bosques.


De forma inmediata traté de responder a la convocatoria con mi Teniente primero, pero ya era tarde, los cupos estaban listos y tampoco podía asistir porque estaba en curso; me sentí ineficaz de no poder concurrir a la región que por varios años viví, me hice bombero, donde había recorrido sus cerros, lugares, localidades, viendo sus verdes bosques, conociendo personas increíbles gozadoras de lo sencillo, sintiendo el aire saturado por el olor de sus eucaliptos, y trabajado por esa tierra muchas veces. En fin, le comuniqué a mi Teniente que si existía otra convocatoria me contemplara que de verdad tenía muchas ganas de ir.


Pasaba la semana y la noticia negra recorrió el corazón de Chile, fallece un bombero por salvar una familia atrapada por el fuego… un nuevo mártir sumaba nuestra institución, que pena más grande, la pérdida de un Voluntario, una persona que quizás cuantas veces salieron en el carro, haber planificado proyectos para su Compañía, que dolor habrán pasado, llantos desesperados y consuelo que aún deben buscar.

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Un nuevo día surgió, otra vez el día se oscurecía, ya no era el humo. Un accidente de tránsito dejaba como resultado un nuevo mártir para bomberos y otro gravemente herido, un árbol les cayó encima de su camión y los volcó ¿Qué más tiene que pasar ahora? ¡Por favor! ¡No queremos más! Me sentía apenado, en mi lugar de trabajo transforme el silencio en mi lenguaje y no hacía más que hacer mis labores de forma muda, sólo hablaba lo necesario mientras meditaba lo que acontecía en Chile y yo aquí en Santiago, haciendo nada por aquello.

A la Fecha 7 mártires se habían distribuido entre las instituciones de forma trágica.

Conaf :

Ricardo Salas (Q.E.P.D).

Wilfredo Salgado (Q.E.P.D).

Sergio Faúndez (Q.E.P.D).

Bomberos de Chile:

Hernán Avilés González (Q.E.P.D).

Juan Bizama Sanhueza (Q.E.P.D).

Carabineros de Chile:

Freddy Fernández Garcés (Q.E.P.D).

Mauricio Roca Sepúlveda (Q.E.P.D).

Jueves 26 de Enero, suena nuevamente el teléfono; una nueva convocatoria se había realizado, me comuniqué con Mi Teniente primero, me anoté y quedé a la espera de la respuesta durante al día, la cual no llegó. Durante la noche me fui a la guardia a hacer un reemplazo que me habían pedido, cuando iba entrando me encuentro con Jaime (que apenas me saludó) y sólo me pregunta si ya tenía las cosas listas para el sur, ¿Qué cosas? Le dije, “estás en la nómina para ir al sur”, la verdad no tenía idea, reviso el teléfono y ahí estaba (no lo había escuchado), llamé a mi jefe rápidamente y me dio los permisos para viajar el día viernes a las 14 horas desde el cuartel Segunda como se indicaba, sin conocer rumbo.

Llegó el viernes, me levanté temprano, fui al departamento, tomé la mochila y la llené con cosas que creí que me harían necesarias, algo cargado a poleras y ropa interior más que nada, algo para entretener el diente, al hombro y al cuartel.

Se no indica que debemos ir al cuartel segunda, el Tercer Comandante nos daba las últimas indicaciones, el lugar de destino y nuestra misión; dentro de todo lo que nos señalaba debo de destacar que enfatizó en nuestro cuidado, que la institución no quería más mártires, tuviéramos mucha precaución, pero la decisión de cumplir nuestro juramento de dar la vida para rescatar otra, estaba en nuestras manos. Fue un mensaje claro y certero… ¿Qué será lo que enfrentaremos?

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Cargamos los buses, y emprendimos el viaje, en los primeros momentos, muy alegres, tirando uno que otro chiste, también un pequeño sueño en el camino y a eso que empezamos a pasar por by pass de Rancagua empezaron los primeros matices grises en el paisaje… mis recuerdos no concordaban con lo que veía, viajé muchas veces a la VI Región, e incluso viví en San Fernando pero nunca había visto a mi querida región de esa forma; era sabido que más adelante las evidencias del desastre estarían a la vista. Hicimos una breve y única parada pasado Chimbarongo, para pasar al baño, comer algo poco y seguir sin detenerse.

La ruta tradicional por San Javier estaba cortada (o al menos eso entendí desde el fondo del bus) y que tomaríamos una ruta sólo un “poquito más larga” por la costa, la cual todos accedimos si al fin y al cabo, había que llegar.

Pronto los matices grises pasaron a unos violentos negros, que tapaban el sol a tal punto que lo podías ver a simple vista, redondo, anaranjado marrón, siendo testigo lejano de nuestra realidad, ya no habían chistes, ya no habían conversaciones, solo se escuchaba el ruido del motor, la vibración por el camino y nada más. Todos íbamos mirando alertas a nuestro alrededor, ya no había verde en nuestro entorno, todo estaba nefastamente quemado, eternos cerros pasmados en la tristeza misma, costras de blancas cenizas tapaban su rostro. Sin duda alguna, por aquí ya había pasado nuestro enemigo e iríamos a encontrarnos pronto con él.

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Aparecen unas dunas en el camino, y eran los primeros sentimientos de que estábamos cerca; el humo era mucho más denso, no había sol, sólo te daba indicio donde podría estar por lo claro del gris en el cielo, que tras él se ocultaba.

Constitución, al fin llegamos después de un poco más de 6 horas y 30 minutos de viaje; las calles eran algo más estrechas de lo común y el primero problema fue un poste en pleno viraje del bus (que después supimos que con un carro, ya lo habían botado 3 veces). Nos presentamos con el CB Constitución para las instrucciones y ponernos a disposición a su mando.

Nos envían a un gimnasio a dos cuadras del cuartel general, que sería nuestro hogar, ahí dormiríamos y descansaríamos; distribuimos las colchonetas y dejamos los puestos listo.

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Nos indican que un colegio estaría nuestra primera cena, era un plato de porotos, si bien se acercaban bastante al plato perfecto (el plato perfecto, siempre será el de mi abuelita y el ideal de mi mamá) estaban muy buenos y nos dieron la energía para el día siguiente. Volvimos al gimnasio y conversé con personal 5ta CBS que nos contaban sus historias, su trabajo y lo agotador que era, en eso suena la radio que estaban evacuando a Bomberos por disparos hacia ellos, quedé estupefacto; nuevamente ¿a qué nos enfrentaremos?, corrieron y allí quedé sin saber más; al rato volvieron y me dicen que era un rumor, que al parecer era verdad, se uniformaron rápidamente, salieron corriendo y nunca más los vi; creo que todo resultó bien, ya que no se informó más del hecho.

Ya era la hora de dormir, estando en servicio para cualquier despacho.

4:00 AM, sábado 28 de enero.

Estaba entre los sueños, escucho murmullos acelerados, sonidos rapidos de pasos de botas, un motor de camión, dos toques de claxon, aceleración del motor y eso recuerdo al menos, quizás era un sueño. Cercano a las 8:00 me despierto y veo a Jorge que se estaba equipando al lado mío de forma rápida, le pregunté si era la hora del desayuno, se detiene en lo que hacía, me mira fijamente, me patea la colchoneta y me dice ¡Levántate, nos vamos trabajar o te apuras o te quedas abajo!, así que le hice caso, cuando salía del gimnasio ya era tarde, ya había salido el J-1 Constitución al llamado estructural (no sabía que más era), veo la calle y el “Batallon Santiago” ya no estaba, a la segunda vuelta del J-1 nos subiríamos e iríamos.

Finalmente llega, subimos y emprendimos el camino, sin sirenas, sólo balizas, surcando los caminos y rompiendo la densa neblina marina con el capó, sólo se veía algo así como a 10 metros, logré distinguir bosques a los lados y nadie hablaba… silencio nuevamente, pensé que era por algo soñolientos pero la verdad era por el respeto a lo que había acontecido días antes de nuestra llegada.

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Nos abren las barreras, y destellos rojos se ven a la distancia, mientras nos acercábamos a pie, ahí estaba el “Batallón Santiago”, habían salido a las 4:00 AM al llamado y eso era lo que había escuchado. Era fuego en pallets de tablas en una barraca. Nosotros éramos el relevo, tras el arduo trabajo que habían hecho. “Bien, a trabajar entonces”, me dije en la mente y seguí las ordenes de Mi Teniente Tercero, a nuestra especialidad, a destechar.

Sacamos varias latas en conjunto con personal 7ma CBS y removimos muchas, pero muchas tablas, eran infinitas, de nunca acabar; a pesar de que había maquinaria pesada removiendo, había que mover los despuntes que dejaba para que no patinara. Ahí pasamos varias horas de trabajo, removiendo y haciendo lo mejor posible; sólo el “Batallón Santiago” estaba presente.

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Nuestro trabajo ya estaba hecho y en un camión Mercedes Benz del Ejército de Chile, regresamos a cuartel general. Ya eran más de las 13:00 horas, almorzamos para quedar nuevamente en servicio.

En eso se nos comunica que éramos demasiados, 131 Voluntarios del CBS y que sobre pasábamos el requerimiento, por lo cual, para la 8va había que designar a 4 para retornar a Santiago, “que no me devuelvan a mí, por favor” sonó en mi mente; vaya situación para Mi Teniente, decidir quién se regresa y quien se queda. Como era de esperar, salí seleccionado para retornar a Santiago; sólo me cambié de ropa, tomé mis cosas y las cargué el bus; al menos estuve aquí, pensé. Me sentía traidor de mis sentimientos de cariño a la región que estaba tan cerca de donde viví, que había recorrido sus hermosos lugares, caminado por su costa; me puse los audífonos para escuchar música para distraer lo que sentía. En eso sube Mi Teniente al bus, me toma del brazo y me dice que me baje, “o nos vamos todos o no se va nadie”, así que me bajé muy feliz de poder quedarme, descargué las cosas del bus y se fue. Estuve a 1 minuto de que me fuera a Santiago.

En eso me pongo la jardinera y fuimos a cuartel general, se nos indica que se requieren 4 Voluntarios de la Octava para hacer una tripulación para una máquina de Constitución denominada “RB-1”, un Spartan 3D del año 1994, que había llegado el 2012 a la ciudad costera; en eso nos llaman por radio… “Central a RB-1, Central a RB-1… diríjase a sector Quivolgo” y no entendí más, corrimos a la máquina raudos como si fuera lo último que hiciéramos, y entramos en ruta; éramos solo personal de escalas, Séptima y Octava CBS en una Bomba, ¡ilógico! ¡Nosotros no trabajamos con agua! Pero el ímpetu hacer las cosas, promueve a trabajar para cumplir la misión.

Pasamos el puente, giramos a la derecha y comenzamos a subir el cerro por un camino de tierra, subimos y subimos sin encontrar nada más que un brutal contraste (…) cuando comenzamos, los árboles y vegetación tenían colores, a medida que asediamos lo iban perdiendo y en un momento llegamos a un claro, pudimos contemplar los cerros que seguían a la distancia, eran cerros y cerros quemados, todo estaba negro, fumarolas se alzaban al cielo disipándose con el viento. Finalmente no encontramos el foco, por lo cual descendimos y recorrimos la ruta contraria; nuevamente no encontramos fuego, por lo cual informamos a la central y nos dieron 0-10.

En eso cuando salíamos al pavimento otra vez, ahí estaba, desplazándose en conjunto con el aire, un hongo se asomaba entre todos los árboles haciéndonos señas de que ahí estaba; el maquinista toma firme el volante, afina la vista y se dirige hacia allá sin decirnos nada.

Lo localizamos, empezamos a realizar la armada, personal 7ma se hace del pitón y contribuí en desplegar el material. Entramos, hace los primeros lanzamientos de agua y lo deja tonto, mientras personal de infantería entre 8va y 7ma segregaban el material, todos de la misma máquina, trabajamos, apagamos y empezamos a ordenar todo el material utilizado. Me llamó mucho la atención que existían verdaderas caravanas de 5 a 7 vehículos, movilizados por personas comunes y corrientes que se organizaban para apagar los focos por sus propios medios, una maniobra arriesgada pero es increíble el poder del Chileno de cooperar frente a todo desastre que nos golpee en nuestro país.

Estábamos retornando al cuartel general y surge la idea de bautizar a la tripulación con algún nombre, y decidimos como tripulación independiente del “Batallón Santiago” porque contábamos con nuestra “propia” máquina y funcionábamos como Constitución, llamarnos “BATALLON 78”, la referencia del numeral era por la mezcla de ambas Compañías del CBS.

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Nuestro logo.

Pasaba el día y no nos habían convocado a otra emergencia aún, hasta que un llamado desesperado llamaba al “Batallón Santiago”, el 0-4 no podía ser más grave “se trata de fuego en 4 casas, 15 personas encerradas”, todos corrieron a sus máquinas de forma dejando todo de lado, tomando las cotonas, lanzándose a la cabina y apurando a los guías para que los llevaran a destino; otra vez el silencio quedó en el lugar, miramos como se alejaban por la calle  encomendamos que no fuera nada grave; el Batallón 78 quedó a la espera en cuartel general por si nos despachaban.

Bebíamos jugo afuera de la sala de máquinas cuando entre medio de las piernas de un Bombero que estaba al frente mío, aparece un chaleco rosado tejido a mano, con un papel en su mano… era una pequeña niña, no debe haber superado los 5-7 años de edad, alza con una sola mano su regalo para nosotros y nos entrega el papel, era un dibujo pintado por ella. Según nos contaba la mamá, fue ella quien quería dar las gracias a los Bomberos que estaban en la ciudad, que eso era lo que quería hacer hace unos días.

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Me mordí el interior de la boca para no quebrarme, pero si reconozco que se me humedecieron los ojos, algo tan sencillo como ese dibujo significaba el esfuerzo de la pequeña de colorear ella misma la ilustración de lo que vio; pude notar que había un carro, que se dirigía a una casa en llamas y otras manchas negras la rededor, ¿Qué fue lo que ella vivió? ¿Qué miedos afrontó? Tan pequeña y ya vio lo que era el pánico de las personas, pensaba. “¡Gracias por venir a ayudar a mi ciudad!” decía al final del dibujo. No teníamos grito ni bandera de guerra como batallón 78, pero usamos ese dibujo como emblema, de recordatorio del porqué estábamos ahí, y ubicándose en el parabrisas de nuestro RB-1 sería nuestro escudo de la adversidad. Realmente creo y pienso que, el día que un niño no se emocione al vernos, habremos fracasado como Bomberos.

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Había que cargar agua, algo inusual para nosotros de Compañías de escalas; para aquello nos asignaron un guía para las rutas, caminos y emprendimos hacia algún grifo cercano; pasábamos cuadras y yo alcancé a ver muchos grifos pero simplemente no nos deteníamos ninguno y cada vez estábamos más cerca del rio Maule. Entramos en marcha atrás con el RB-1 en un camino que estaba rodeados de viejos botes de madera, se detuvo lo más cercano posible al rio Maule y con moto bombas había que llenar el estanque.

Pregunte que porqué se hacía del rio y no de los grifos (como de costumbre para Bomberos), el guía (le llamaba Carlos) me cuenta que hay sequía en la zona, solo 4 horas de agua al día y que en los grifos era muy escasa y demoraríamos demasiado en llenar, siendo que tenemos que estar en servicio el mayor tiempo disponible. Colaboré en colocar la parte de succión de la moto bomba con el agua hasta mis tobillos, como andaba con botas para incendios, no tuve mayor problema. En eso toco fondo con la alcachofa y logré tomar una piedra lisa y plana, la cual la saqué del agua y la sostuve con mi mano derecha; quedé mirando hacia el río y su desembocadura y me di un gusto que hace tantos años no hacía. Me arriesgaré al decir desde que era niño, eché mi brazo hacia atrás y la lancé para que rebotara en el agua calma del rio Maule, solo hizo 3 “sapitos”, como he perdido la práctica… antes hacía algo más de 8.

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Seguí mirando el paisaje y me detuve en lo que hacía, con el agua hasta los tobillos, mi uniforme estructural puesto y una pequeña brisa hacía vibrar el agua… en ese momento descubrí que en ese lugar encontré calma al encontrarme a mí mismo por unos breves momentos (no fueron más de 2 minutos) al recordar gran parte de mi vida que viví en el sur; pero al mismo tiempo esa calma hallada podía ser interrumpida cuando menos lo esperas, ya que, en ese mismo rio en donde estaba, entró la ola del tsunami que azoto Constitución el 27F.

Llenamos el estanque y partimos, nuevamente al cuartel general.

Pasamos la tarde y veíamos como otros batallones eran enviados a trabajar a diversos sectores, y como éramos independientes, formábamos parte del material mayor de Constitución, nos guardaban para situaciones más críticas. En eso entra a ocultarse el sol y en pleno atardecer la central nos llama “central a RB-1… diríjase a..” y otra vez, no entendí nada ya que me puse a correr a la nuestra máquina, sube la tripulación del Batallón 78 y emprendimos rumbo a sector Quivolgo (por segunda vez), el foco que habíamos apagado o limitado su avance ya estaba más grande de lo que debería de estar, realizamos una armada muy larga para llegar al interior y en esta ocasión quedé de pitonero en conjunto con ayudantes de la 4ta (de otro CB pero no recuerdo donde), en conjunto todos los demás con palas, hachas a realizar corta fuegos. Por el vapor que generaba al tirar agua, no veía mucho los pequeños focos que habían por las linternas de los Voluntarios, por lo cual, le pedí a Fernando Besoain de la 7ma que diera la orden apagar las linternas para poder ver.
Así fue, apagaron todas sus linternas y un manto anaranjado apareció en el piso, lleno de brazas que había que extinguir, repetimos la maniobra varias veces para cerciorarnos de que todo quedara bien apagado. Dejamos todo bien apagado y retornamos después de varias horas de trabajo al cuartel general. Ya eran algo más de las una y media de la madrugada.

Decidí tomar un poco de café para despertar un poco el cuerpo, me apoyé en el portón de las sala de máquinas y comencé a disfrutar un café de granos con un poco de leche; me lo terminé en poco rato. A pesar de eso, de igual forma se empezaba a oscurecer la imagen, y me dormí por unos instantes.

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Cuando desperté, noté que se estaban riendo por cómo estaba durmiendo sentando en el suelo, con un vaso en la mano. A eso de las 3 de la madrugada, nos llevamos nuestra máquina RB-1 al gimnasio y nos depusimos a descansar, estando atento a las comunicaciones por si nos despachaban; a las 4 de la madrugada, ya estaba dormido.

Domingo 29 de enero. 9 AM, nos levantamos y fuimos a tomar desayuno como Batallón 78 que éramos. Gran parte de las actividades las realizamos en conjunto como tripulación, eso nos brindaba una unión única dentro de la máquina.

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Las horas pasaban durante el día domingo y las comunicaciones por radio, tampoco sonaban. Creímos que como día domingo, la calma volvería a la ciudad y todo sería más lento hasta que pasado el almuerzo fuimos convocados otra vez. Esta vez era el sector San Ramón, sería la última salida del Batallón 78 a trabajar y la última vez que tripularíamos el RB-1, la sirena retumbaba y la Federal despejaba nuestro paso, le pedí a Carlos (nuestro guía) que se acomodara un poco porque estaba un poco apretado, en eso Marco Pachecho me pregunta que como le había dicho a nuestro guía, y le respondí “Carlos”, como lo había llamado estos dos día; "se llama Jaime, idiota”, ¿Cómo? Volví a preguntar… “Jaime, Bruno. Se llama Jai – me” en eso nuestro guía se ríe y me había molestado estos dos días en que se llamaba Carlos; y todo este tiempo me había respondido cuando lo llamaba por Carlos ¡y no me había dicho nada !. Llegamos al sector señalado y ahí estaba a lo lejos, una hongo entre medio de los bosques que arrasaba con todo. No teníamos opción, esperar que fuego avance hasta nuestra posición y contener para que no quemara las casas. Invertimos toda la tarde en planificar la mejor táctica para contener el fuego y el trabajo a realizar, el puesto de comando nos dejó de punto fijo para supervisar el avance y estar preparados para enfrentar a la bestia.

Llegó personal de infantería militar a realizar corta fuegos a nuestra posición para minimizar el riesgo de que las casas de maderas que existían se quemaran. Por tantas horas de espera y todo el líquido que había bebido, necesitaba de un baño; para eso pedí a un vecino del sector y sin mayores problemas me facilitó el de su casa. Cuando entré, me pide disculpas por el “desorden” que existía en su casa, le dije no se preocupara, “hay cosas peores”, le dije. Pude notar que eran bolsos, mochilas, maletas y ropa en bolsas… aparté una para poder pasar y me el dueño de casa me comenta que ese bolso era de su hija y me dice: “si se viene el fuego encima, tomo las cosas y arranco”, al mismo tiempo se encoje de hombros con las palmas de las manos hacia mí, su mirada asumía lo que podía pasar en las próximas horas, como también expresaba que en nuestras manos estaba la suerte de su casa.

Seguimos esperando, y en eso escuché una moto sierra a lo lejos; caminé hasta poder tener visual de ella y era de un caballero que trabajaba en conjunto con el Ejército, cortando árboles y ampliando el corta fuego, me fui a nuestra fiel RB-1, pedí la nuestra, la eché a andar y funcionaba. Un militar vio mi maniobra y me pregunta de que como estaba para trabajar con ellos, para avanzar más rápido, le dije que bien, pedí los permisos a los Voluntarios que estaban a cargo mío y partí con Pacheco a trabajar con ellos. Desconozco cuantos cortamos, pero fue mucho más rápido que estar cortando los arboles a pura hacha a como lo estaban haciendo, nos dieron retirada y nos tuvimos que ir.

Había que entregar la máquina que tanto cariño le habíamos tomado, conseguimos unos trapos con personal de otros Cuerpos de Bomberos y nos dispusimos a sacar todo el polvo que tenía.

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No quedó tan reluciente como hubiéramos querido, pero al menos se notaba el rojo de su cascarón.

Formamos, nos presentamos al Comandante y Capitán primera de Constitución, les dimos las gracias por la confianza, hospitalidad y apoyo que nos habían brindado. Nos despedimos de un abrazo e invitaciones a nuestro cuartel cuando vayan a Santiago. Nuestra casa, era su casa.

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Batallón 78.

Tripulación Batallón 78:

 

Jaime (guía)  Fernando Besoain  Francisco Rojas  Alfonso Mondaca  Marco Pacheco 
 Vicente Sanchez  Felipe Reyes  Cristian Campos  Jorge Ortiz  Marcelo Orrego
 Macarena Galvez  Jorge Ramirez  Nicolas Cortez  Claudio Muñoz  Bruno Bastidas

Nos despedimos de nuestra RB-1, nos duchamos, nos pusimos ropa limpia para viajar durante la noche a Santiago.

No puedo dejar de mencionar al Inspector de Material Mayor de Constitución, que nos brindó un apoyo y soporte excepcional en las emergencias con su máquina, nos alentó y aconsejó las mejores tácticas que podíamos abordar con un estanque de 3.000 litros y como reconocimiento le dejamos un pequeño presente (parche CBS bordado).

Sin duda alguna Constitución, es una ciudad realmente hermosa, de gustosos paisajes y notable geografía, que fue atormentada por el tsunami del 27F en esta ocasión amenazada por el fuego. Había harto trabajo aún por realizar, pero ya debíamos regresar.

Deseo el mejor de los éxitos para el Cuerpo de Bomberos de Constitución, que tuvieron muchas pérdidas de material por el constante combate que tuvieron y que en breve plazo se puedan reponer para seguir sirviendo a la ciudad que los saluda cada vez que pasan por las calles, son ellos los verdaderos defensores de su bandera y soy testigo de la entrega que tuvieron.

 

Bruno Bastidas Marambio.

Miembro del Batallón 78