Por: Hugo Guzmán, Voluntario.

El Voluntario Jorge Ortiz Cotal de la Octava Compañía del Cuerpo de Bomberos de Santiago, ya tiene su Premio de Constancia por cinco años de servicio. Dedicado hace tiempo al área de rescate urbano, fue nombrado Ayudante de Comandancia (12-A) del Departamento de Fuerza de Tarea del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Tiene en su cuerpo varios de los rudos, complejos y necesarios cursos para rescate en espacios confinados y estructuras colapsadas. Claro, es un bombero de escalas también. Ortiz fue uno de los designados para formar parte del contingente del Grupo Fuerza de Tarea del Cuerpo de Bomberos de Santiago para viajar a Haití con la misión de encontrar a la señora María Teresa Dowling, esposa del general Ricardo Toro, de la misión de Naciones Unidas en Haití, quien estaba en el Hotel Montana al momento de mortal terremoto (la estructura del hotel quedó destruida).

Él es simplemente uno más de los bomberos chilenos que estuvo en la nación caribeña. Y en esta entrevista para la página web de la Octava de Santiago, relata contenidos de la misión, los momentos emotivos, el balance de la experiencia, resaltando el espíritu de grupo que siempre prevaleció. Y la satisfacción de todos estos bomberos de haber cumplido con su deber.

-¿Cómo y cuándo supiste que irías a Haití?
Como se sabe, a pocas horas del terremoto, ya existía un ofrecimiento de parte del Cuerpo de Bomberos de Santiago para colaborar en las operaciones de rescate con equipamiento y personal. Pasaron varios días antes que se considerara ese ofrecimiento. Finalmente fuimos citados a una reunión en el Cuartel de la Primera Compañía, el día sábado 16 de enero a las 18:00 horas para conocer mayores antecedentes respecto del terremoto y luego el día domingo 17 a las 20:00 horas donde nos informarían los seleccionados que finalmente concurriríamos a Haití. Ahí conoceríamos la nómina de citados, consideraciones para el viaje, medidas que debíamos tomar como vacunas, medicamentos, etc. Comenzaba así la activación oficial del grupo que partiría a Haití.

-¿Cómo fueron los preparativos?
Previamente, y como es lógico antes de nuestra citación como grupo, varios Oficiales Generales, algunos Inspectores y Capitanes, sostuvieron una reunión donde se analizaría el perfil de las personas que debían viajar, listados de equipos, material de apoyo, condiciones climáticas, etc. Una vez en el Cuartel Primera, fuimos notificados de la nómina final de operadores que irían a Haití. Comenzamos a recibir información de la situación, condiciones del lugar, recomendaciones de parte de personal del Ejército que había estado en ese país. Nos dirigimos a recibir la primera de varias vacunas que debíamos tener antes del viaje. Pasábamos de la ansiedad de las primeras horas a la concentración y preparación de la misión que debíamos cumplir.
Comenzábamos a dar aviso en nuestros trabajos y se nos informaba que el lunes seríamos notificados de la hora final en la que deberíamos estar con nuestro equipamiento para el viaje. Se generó una lista completa de los integrantes del CBS confirmados con sus datos para mantenerlos informados de cualquier novedad. Luego, aproximadamente a las 23:00 horas, recibo la llamada que ordena informar a todos los seleccionados que deben estar a las ocho horas del lunes con todo su equipamiento en condiciones de partir.

Durante el día lunes se fueron confeccionando los equipos, un grupo de miembros se dirigió al aeropuerto a entregar y cargar el material que llevaríamos a la misión, conocimos a los integrantes de los Cuerpos de Bomberos de Ñuñoa y Viña del Mar, que completarían el Grupo Fuerza de Tarea que partiría a Haití.

-¿Qué pensabas cuando ibas viajando?
Durante el viaje pensábamos en los posibles escenarios que encontraríamos. A ratos nos ilusionábamos con el éxito de la misión, pero nos enfocábamos en realizar un buen trabajo y aplicar todo lo aprendido en cientos de horas de capacitación, repasábamos los riesgos que enfrentaríamos con la idea de evitar cualquier accidente y retornar sin novedades en nuestro personal. Recordábamos a cada instante a nuestros seres queridos y compañeros que quedaban en Chile. Recuerdo que dentro de mi uniforme llevaba atesorado un “tuto” que pertenecía a mi hija y que conservaba su aroma intacto, el que me acompañaría durante toda la misión.

-¿Qué sentiste al llegar?
La llegada al aeropuerto fue como estar en una zona de guerra, debimos rápidamente abandonar el avión y cargar los camiones que llevarían nuestro material y personal. Era todo muy intenso, vuelos despegaban a cada instante, un par de helicópteros UH-1H volaban cerca de nuestra ubicación, todo se hacía con la mayor seriedad y concentración, no era tiempo de dudar y todos nos alineábamos en estricta disciplina. A la salida de nuestros camiones vimos a un costado un avión que era utilizado como lugar de descanso de los soldados chilenos en la base, resaltaba una gran bandera chilena pintada en un costado, lo que nos llenó de orgullo al ver la presencia de nuestro país en el lugar. Por otro costado de la base se realizaba una ceremonia que despedía los restos de funcionarios brasileños fallecidos en el terremoto, esa fue una de las primeras escenas que nos impactó.

Luego salimos de la base. Las calles en su mayoría oscuras, se iluminaban por las fogatas de la gente que pernoctaba en la vía, veíamos como gran parte de las construcciones yacían en el suelo, era inevitable hacerse la pregunta “¿alguien habrá revisado ahí?”. Se avistaban algunos letreros que solicitaban ayuda; “necesitamos doctores” decían algunos en inglés a la espera de que la ayuda llegara. Después de varios minutos llegamos a nuestro destino final, el Hotel Montana. Rápidamente comenzamos la descarga del material, instalación de la base, campamento y zonas de material, para comenzar a trabajar en el primer turno que comenzaba a las cero horas.

-¿Cómo resumirías lo hecho y esa experiencia?
Creo que satisfacción es una palabra que no logra expresar el sentimiento que tengo para una Fuerza de Tarea como la nuestra, en la que llevamos algunos años trabajando para sacar adelante. Es un gran logro poder desplegar una operación como la que se hizo, sin accidentes que lamentar, a pesar de las duras réplicas que enfrentamos, con un trabajo incesante de 24 horas. Contar con material de primera para nuestro trabajo, con una logística que no tenía nada que envidiar ni a la más experimentada de las FT que se encontraban en el lugar. En general una experiencia enriquecedora al máximo en todos los aspectos: emocional, profesional y bomberil.

En nuestros tiempos de descanso dejábamos unos minutos para hacer fotografías que posteriormente sirvieran para capacitación y para transmitir esta experiencia a quienes quedaron en Chile. Una de las grandes satisfacciones que siento es el trabajo en equipo logrado por todos.

-¿Qué significó compartir con bomberos de Ñuñoa y Viña del Mar?
Una gran experiencia. Una vez que los equipos se fueron conformando era increíble ver cómo quienes un día fueron tus Instructores, hoy estaban codo a codo contigo trabajando de igual a igual. Nos apoyábamos mucho, los más experimentados aportaban con sus conocimientos, siempre prevaleció eso más que números, Cuerpos, cargos. Como dice un gran Instructor de rescate urbano que alguna vez tuve, “los urbanos somos así, nos alineamos con el que sabe”.

-¿Qué te daba apoyo?
Hacíamos “debriefing”, constantemente nos reuníamos como equipo a conversar, evaluábamos cada operación y nos motivábamos unos a otros. En los ratos de descanso compartíamos con el resto los mensajes de apoyo que amigos y familiares nos enviaban desde Chile.

-¿Qué sentían cuando encontraban y rescataban cuerpos?
Un amigo del equipo decía: “Una familia más estará tranquila ahora”. Creo que eso es lo que sentíamos. Nuestra misión era rescatar a una compatriota (señora María Teresa Dowling, esposa del general Ricardo Toro, de la misión de Naciones Unidas en Haití),  pero no dejaríamos a nadie en el lugar que encontráramos, así nos tomara horas rescataríamos cada cuerpo y lo entregaríamos. Incluso hubo un cuerpo que nos tomó un día y medio en poder extraer. Doblemente satisfechos nos sentíamos al saber la cantidad de días y grupos de rescate distintos que estuvieron en el lugar y nosotros aun lográbamos dar con víctimas, era motivante para el equipo.

-¿Cómo era la vida cotidiana?
Trabajamos en turnos rotativos, se hacía entrega al equipo siguiente del avance de las labores. En la medida que ocurrían los cambios de turnos, los jefes de equipo se reunían constantemente con el Comando de Incidente, que a su vez cada mañana coordinaba las labores con el general Toro y los otros equipos de rescate. A parte de nuestra misión principal, se prestó apoyo en varias zonas, incluso una vivienda fuera del hotel donde cooperamos con los Topos de México con material para su labor. Llegamos en un momento a cubrir 6 zonas distintas simultáneamente dentro del hotel.

La alimentación se realizaba en nuestras horas de descanso, según correspondiera el desayuno, almuerzo o cena. Muchas veces no manejábamos los horarios, podías almorzar a las 11 o 12 del día sin darte cuenta, esto por que pronto entrarías a tu turno y debías estar en condiciones. Todo se manejaba de muy buena forma en cuanto a la comunicación de horarios de entrada, funciones, etc. A la hora de dormir dependía mucho de la entrada al próximo turno, por lo que a veces solo dormías unas tres o cuatro horas. La hidratación era fundamental debido al calor reinante, por esto constantemente consumíamos mucha agua y contábamos con una improvisada ducha al aire libre que nos permitía mantenernos aseados.-

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *