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Cuerpo de Bomberos de Santiago

OCTAVA COMPAÑÍA

La Unión es Fuerza

Hace un tiempo, meses diría, estaba sentado en el segundo piso, a la espera de una citación a Capitanía. (cosas del fútbol diría «El Turco Alexis») Y mientras divagaba entre lo ajetreado que había sido mi semana  y lo incómodo de la situación, puse la vista en una de las tantas listas y nóminas que pueblan las paredes de nuestro cuartel: la primera oficialidad, la lista del recuerdo, las fotos con los listados de los ganadores de las competencias Besoain, etc. 

Y me levanté a mirar con detención. 
Pensaba mientras recorría los nombres de todos ellos: cuántos habrán pasado por esta situación? La espera? Cuánto y cómo habrá sido su proceso de incorporación a nuestras filas? Sus sueños? sus semanas laborales? Su penas.. alegrías. Sus círculos familiares que sostienen su vocación. Sus reprimendas… nadie es perfecto…jaja.

Cómo habrá sido el ingreso del «turco Alexis»? Y el de don Lino Echeñique?
Los incendios y llamados hace unas décadas atrás eran cosa seria: entrabas solo con un par de implementos de EPP y mucho coraje. 
Algo así puedo oir a través de esos nombres en la pared…

Fue entonces que como compañía decidimos crear en este espacio virtual, lo que llamamos «La Guardia Eterna».
Un espacio que refleja la memoria y el cariño entre hombres que han compartido la cercanía del fuego, las noches de guardia, las mesas de billar y dominó…entre tantas cosas más.
Por eso, esta «lista virtual» evita los adornos. Presenta un breve relato, fechas de ingreso, listas de cargos y retratos de lo que los hace merecedores de una memoria colectiva en nuestra compañía, el cuerpo y la comunidad. No es una exaltación heroica, sino más bien un recuerdo honesto y sincero a aquellos que con su alegría, esfuerzo, premios, reconocimientos, entre otras cosas han dejado un legado, una arquitectura, que aun en su ausencia, sostiene el presente de la compañía. 
Puedes ver la sección acá:  Guardia Eterna

Hay tres hombres en el umbral inicial de esta nueva sección. El primero es Francisco Galoppo Jiménez. Su ficha técnica arroja un número que asombra la prisa contemporánea: sesenta años de servicio. Para entender esa cifra hay que mirar el reverso: significa que Galoppo decidió, durante más de siete mil semanas consecutivas, que su vida privada era secundaria si sonaba la alarma del cuartel. Compaginó esa rigidez con las canchas de fútbol de Santiago Wanderers y con miles de asistencias sobrantes. No es algo inusual entre las filas de bomberos; pero si fue un hombre que eligió la constancia como una forma de religión laica.

Al lado, Alexis Abdul-Malak Zacur, a quien todos llamaban el «Turco Alexis». La historia oficial lo recordará probablemente por su despliegue logístico en mayo de 1960, cuando el sur de Chile se quebró en el terremoto más violento del que la humanidad tenga memoria. Pero el verdadero legado de Abdul-Malak se construyó en la minucia de las tardes de los miércoles, entre el tintineo de las fichas de dominó y el humo espeso de su pipa perenne. Su retrato allí es el recordatorio de que un cuartel no es solo un depósito de herramientas para la emergencia, sino un refugio donde la caballerosidad y la conversación eran tan obligatorias como el mantenimiento de los carros. Y hoy me pregunto.. que estaremos aprendiendo del legado del «turco Alexis»?

El último es Lino Echenique Donoso, el hombre que entendió que si la Octava no escribía su propia historia, nadie más lo haría. Sirvió casi sesenta y dos años, fue capitán, consejero y director por ocho periodos consecutivos, y dejó su testimonio impreso en el libro Hachas y Escalas. En el cuartel se repite una escena que define su carácter: durante un estricto período de toque de queda en el Santiago del siglo pasado, Echenique se vistió con su uniforme de parada, se calzó el casco y cruzó a pie las calles desiertas del centro de la capital. No buscaba el heroísmo político ni el martirio; cruzaba entre patrullas militares con el único fin de entregar a tiempo los partes de asistencia en el Cuartel General. Para Echenique, el papeleo institucional era una trinchera sagrada. Hoy, el salón principal del cuartel lleva su nombre. 
Por algo será… y esa historia te la pueden contar nuestros honorarios actuales.

La «Guardia Eterna» no se diseñó para que los vivos lloren a los muertos. Se diseñó para que los bomberos que hoy se suben a los carros en Bellavista entiendan que su uniforme no les pertenece del todo; es un préstamo de quienes los precedieron: una herencia que cargamos en cada llamado, en cada junta en el salón Lino, en cada conversación 1 a 1 en esas largas noches de guardia donde la camaradería se sostiene como una escala en la cumbrera.
Porque las hachas se desgastan, la tecnología vuelve obsoletos los cascos y las frecuencias de radio cambian, pero la convicción de que ningún voluntario será borrado de la lista es lo único que mantiene a esta institución a salvo de la amnesia colectiva. En este caso, su guardia continúa, anotada en otra página: la de su legado perenne.

«Te toca»… me dicen , apuntando a la puerta de la Capitanía.
«Cosas del fútbol» diría el turco Alexis.

Santiago, Julio 2026

PD: gracias Patricia Orellana, por el esfuerzo y coordinación de esta iniciativa.
ACceso a la sección Guardia Eterna acá

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